
Tuve un sueño que, al despertar, no sólo me dejó un par de imágenes perturbadoras, sino que, además, me pareció un motivo para genuinas reflexiones respecto al mundo real en la actualidad.
El sueño era similar a otros recurrentes que suelo tener, la distinción comenzaba cuando me llegaba una noción específica, como se entera uno de las cosas en los sueños, es decir como si llegara de pronto una carga de información y contexto automáticos, no muy diferente a cuando en la película Matrix se descargan (por parte de las máquinas o de la rebelión humana) varios bites de información en un segundo para que, como resultado, un individuo tenga de pronto los recuerdos de una vida entera o una súbita habilidad en artes marciales y manejo de armas. En este caso, la descarga de contexto me llegaba cuando veía una pantalla de laptop (¿no es curioso pensar en lo reciente que cosas como teléfonos inteligentes, tabletas, laptops y artilugios similares ingresaron al terreno de nuestros sueños? O pensar en cuántas personas, a partir de un punto en la historia, pueden añadirlas con naturalidad a sus catálogos oníricos desde el principio cuando, al mismo tiempo, existimos tantas personas que, hasta hace unos años, nunca antes en la vida habíamos soñado con nada de eso) y encontraba un video, en una plataforma estilo youtube, que se titulaba algo así como “la escena más perturbadora en la historia del cine”. Había en la pantalla también un artículo que hablaba de cómo personas alrededor del mundo habían ido al cine a ver una película de reciente estreno (de la que no puedo recordar el título) y se habían sentido tan, tan horrorizadas, que unas habían abandonado el cine, otras habían entrado en crisis nerviosas dentro de la sala de proyección, muchos habían desarrollado una especie de PTSD etc. Es decir, una nota muy similar a las que aparecen por decenas, de un tiempo para acá, siempre que se estrena una nueva película de terror. Sin embargo, en el contexto de mi sueño, nunca había sucedido algo así, porque además no era que sólo algunas personas se vieran afectadas durante las proyecciones, sino que absolutamente todas las personas presentes en la sala de cine quedaban afectadas por una escena específica de la película. Yo sabía, en el contexto onírico, que se trataba de un hecho de tan gran escala que la noticia estaba siendo fuertemente debatida en muchos lados, porque la escena en la película era tan espantosa que incluso se estaba considerando dictaminarla como riesgo para la humanidad ─un individuo a la vez, traumando seriamente a cada persona que veía la escena en la película.
En el sueño, ya no recuerdo exactamente cómo, yo había visto parte de la película, pero, al llegar a la infame escena, comencé a ver unos segundos y después no quise seguir, de modo que nunca la vi completa ni supe cómo terminaba la película. Aunque sí sabía, de alguna manera, lo general de la escena. No quiero describirla a detalle, sólo diré que involucraba un exorcismo con vuelta de tuerca, un grupo profundamente malévolo, un engaño despiadado, y una extensa y explícita sesión de tortura que sólo puedo comparar con la que se insinúa en el comic de Batman: Black Mirror y que hasta la fecha es lo que más me ha perturbado en un comic.
En fin, que en el sueño yo andaba haciendo mi vida con normalidad, el sueño tenía su trama más bien intrascendente, pero, si no mal recuerdo, incluso agradable, y en buena parte involucraba ponerme a caminar por las calles ya familiares de la ciudad, asomarme a un par de edificios e incluso entrar a algunas casas. Ahora, esto es lo inquietante: conforme el sueño se desarrollaba, sucedía una subtrama al fondo todo el tiempo: la fama de la película y el horror por la escena específica se había vuelto una noticia tan viral y del momento, en boca de todos, que cada vez más personas empezaban a sentir una mórbida curiosidad. La escena había sido subida a youtube y estaba también en páginas de Facebook, en cuentas de Twitter (mis sueños no lo han actualizado a “X”) y otras páginas y plataformas (aunque por mi edad yo no sueño con TikTok). La película se vendía en cds pirata en todos lados, incluso independientemente de lo que vendía el negocio (había zapaterías, tiendas de abarrotes y hasta un local de garnachas con varias copias de la película a la venta). Cuando me asomaba a lo que parecía una oficina, un par de empleados estaban en un escritorio, mirando el monitor, porque a uno de ellos se le había ocurrido buscar la escena en internet para que la vieran todos. Cuando pasaba yo por una casa común y corriente, veía a un grupo de primos (no míos, primos entre ellos) reunidos en una recámara, que estaba poniendo el cd (qué vintage) para que todos vieran la famosa escena en la tele mientras los adultos estaban reunidos en la sala… donde uno de los tíos había sacado su teléfono para mostrarle a otro la escena escabrosa.
La situación iba en una especie de crescendo, hasta que llegó un momento en que, tan gradualmente que nunca me di cuenta de la transición, la escena de la película era ya parte del paisaje cotidiano y nadie le prestaba atención siquiera: en una tienda (pequeña, de esas casi caseras que venden frituras y galletas y tienen un refri antiguo) había una pantalla donde estaba transcurriendo la escena, pero el tendero no prestaba atención porque estaba contando el cambio para entregar a una compradora que tampoco prestaba atención a la pantalla porque estaba guardando su compra en su bolso. En una fonda, la televisión sintonizaba un programa matutino de variedades donde los alegres conductores hablaban sobre la película, mientras, en una pantalla detrás de ellos, estaba sucediendo la escena horrorosa y los conductores la comentaban, pero luego empezaban a hacer bromas entre ellos y después hacia uno de los camarógrafos respecto a no sé qué cosa de un juego. En una banca del parque una colegiala estaba sentada, esperando, mientras scrolleaba aburrida en su teléfono; en algún momento aparecía la escena de la película subida a alguna de sus plataformas, la veía durante unos momentos, igual de aburrida, hasta que aparecía, sobre la escena, una notificación de mensaje que ella procedía a abrir y responder. Pasaba yo, ya de tarde, por la sala de una casa donde un grupo de señoras estaba platicando apaciblemente (dos estaban bordando, otra estaba buscando algo en una revista, otra estaba poniendo azúcar a su taza de té), mientras en la tele de su sala estaba sucediendo la escena espantosa, porque una de las señoras había dicho antes “según es la película de la que hablan en todos lados”, y decidieron ponerla para comprobar si era escabrosa, pero al poco rato se habían quedado inmersas muy a gusto en su plática sin prestar la menor atención al horror que estaba sucediendo en la pantalla.
En ese punto, recuerdo que lo primero que pensé fue que todo eso era una absoluta falta de respeto hacia la película, hacia el guionista, el director y los actores que habían hecho un trabajo exhaustivo y meticuloso para conseguir un resultado tan poderoso como habían logrado; me indignaba que ahora solamente un fragmento, seguramente el más complejo de filmar, se tomaba fuera de su contexto y se banalizaba de tal manera que quedaba reducido a escenografía intrascendente.
Después pensaba en cómo, incluso sin pensar en el trabajo creativo detrás de la película, a fin de cuentas la escena en sí misma era realmente horrorosa, mostraba cosas realmente abominables que, por derecho propio, incluso aisladas del contexto de la película completa, deberían de horrorizar al más básico sentido humano de cualquier persona que la viera; sin embargo, ya no era más que ruido de fondo en la más mundana cotidianidad.
Después me encontraba yo dentro de una casa, ya al anochecer, casi a oscuras, y ahí había, entre otras cosas, una pantalla con el video de la escena, esperando a que alguien le diera play. Detrás del signo del triángulo dentro del círculo, estaba un fotograma de la infame escena: entre la penumbra se veía una parte del rostro brutalmente torturado y detrás, asomando en un segundo plano, parte del rostro de quien estaba orquestando el terrible ritual, con un gesto de perversidad tan profunda que sentí un escalofrío.
Entonces todo lo que pude pensar, en otra súbita revelación de información como llega en los sueños: Tal vez no sea una película ordinaria, tal vez en realidad sí hay algo profundamente maligno detrás de esta película y puede verse claramente en esta escena… ¿Entonces por qué ya no le afecta a nadie? ¿Por qué las personas ya lo tienen como parte indiferente del mundo a su alrededor en todos lados…? A mí me sigue dando mucho miedo…
Y lo cierto es que, durante todo el sueño, yo nunca había visto la escena completa, sólo fragmentos. En ese momento estiré una mano, dudé brevemente, pensé que tal vez debería ver la escena: así descubriría que, después de todo, quizá no era para tanto; o quizá descubriría que estaba ante algo auténticamente malévolo, y debía encararlo si quería después hacer algo al respecto.
Di play. La escena comenzaba con una vela encendiéndose en medio de la oscuridad más absoluta. La vela era pequeña, daba una luz cobriza. La cámara iniciaba un muy lento paneo mientras, todavía fuera de cámara, se escuchaban sonidos que me encogieron el estómago: un crujido húmedo, un susurro y un lamento ahogado.
En ese momento desperté.

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