Hay dos vínculos insospechados con los que podemos unir a Julio Cortázar y a Stephen King. El primero es un tigre.
Bestiario es el cuento que da título al libro publicado por Cortázar en 1951, relata cómo funciona la rutina en una enorme casa que, además de tristona y escenario de agudos conflictos familiares, tiene un tigre rondándola de forma permanente. A veces el tigre puede estar en el jardín, a veces en alguno de los numerosos pasillos, a veces en el comedor o en el estudio. Este tigre que, para empezar, nunca tenemos claro por qué está en la casa, termina devorando a cierto individuo y, así, el animal sirve para que una muchachita pueda ayudar, salvar incluso, a una pobre mujer.
Hay tigres es un cuento de King publicado originalmente en 1968 en una revista y después recopilado en su voluminoso cuentario Skeleton Crew −en español el cuento puede encontrarse al inicio del libro Historias fantásticas−. Es un relato muy breve sobre un niño pequeño que, en su escuela, pide permiso a su desagradable profesora para ir al baño. El problema es que en el baño está esperando, literalmente, un tigre. Cuando otro niño aparece, enviado por la profesora, para buscar al primero, que ya se ha demorado mucho −obviamente no se ha atrevido a entrar del todo en el baño−, avanza en tono burlón buscando al tigre que supone imaginario, pero que es muy real y lo devora. En eso llega la profesora, entra al baño y el niño se aleja, para regresar a su salón de clases, dejando atrás el baño con la temible profesora y el tigre dentro.
En el par de narraciones encontramos tigres de origen totalmente inexplicable y que, eventualmente, terminarán cumpliendo un papel, si quiere vérsele así, justiciero. Las diferencias entre estos cuentos, comenzando por sus extensiones, radican principalmente en qué tanto se profundiza en la historia que se desarrolla aparte de la de los tigres, y puede notarse de inmediato que los relatos optan por caminos distintos respecto a su desarrollo y hay, indudablemente, motivos muy distintos detrás de cada uno. Lo más curioso aquí son las similitudes, especialmente el hecho de que el argentino y el de Maine hayan optado por exactamente el mismo animal, bajo circunstancias igualmente inexplicables, para dar el tinte específico a sus relatos y que, al final, los tigres terminen pasando del terreno probablemente alegórico al de castigo real para los personajes humanos que atormentan a inocentes.
Otra manera de unir a estos escritores es por medio de un teléfono y llamadas de ultratumba.
Llama el teléfono, Delia, es un cuento de Cortázar incluido en La otra orilla donde una mujer recibe una llamada telefónica del hombre por el que, momentos antes, se encontraba derramando amargas lágrimas: Sonny. El hombre pide el perdón de Delia y ella se lo niega. El final de la llamada es confuso y la comunicación se termina cortando abruptamente. Poco después Delia recibe la noticia de que Sonny había muerto de un balazo media hora antes de que ella recibiera esa misteriosa llamada. El cuento termina con Delia consternada mientras en la radio un locutor anuncia un automóvil último modelo.
The New York Times a un precio de ganga es un cuento de Stephen King compilado en Después del anochecer donde Anne, novísima viuda, sale apresurada de la ducha para atender el teléfono. Quien le llama dice ser James, su difunto marido de quien, en esos precisos momentos, la familia planea el funeral en el primer piso. Anne piensa que su esposo logró sobrevivir al accidente aéreo y que ahora se encuentra en estado de shock, pues le habla completamente confundido. Eventualmente se dan cuenta, sin mencionarlo directamente, de que el hombre está realmente muerto, y Anne acompaña a su marido, vía telefónica, durante el duro proceso de aceptar que debe elegir la puerta final e irse definitivamente. Tiempo después, Anne conserva la esperanza de recibir otra llamada de su marido, y el cuento termina con ella, ilusionada, atendiendo una llamada telefónica que resulta ser una grabación comercial que huele a estafa y que le ofrece comprar el New York Times a un precio de ganga.
Desde luego que la idea de una llamada telefónica desde el más allá es común, e incluso suele escucharse como algo sucedido verídicamente en ciertas ocasiones; sin embargo, resulta difícil no hermanar estos cuentos: las protagonistas son mujeres recibiendo llamadas de sus parejas sentimentales, que acaban de morir, en los dos cuentos; aunque por distintas razones, resultan narraciones sumamente tristes y, curiosamente, comparten exactamente el mismo cierre para la misma situación: un comercial banal, visto en esos momentos de forma aún más absurda y exasperante por el contexto, sirve para abrochar la narración con el recordatorio de que, a pesar de la reciente experiencia, el mundo sigue avanzando y, efectivamente, suele resultar lastimosamente socarrón.
Naturalmente, aquí no me parece en absoluto que estemos hablando de una cuestión de plagio, pienso que, más bien, estas similitudes suceden porque estamos hablando de dos mentes creadoras que navegan las mismas aguas, desconocidas para el enorme promedio, y es, bajo esta perspectiva, muy creíble que ambos, sin saberlo, hayan pescado cada uno dos peces de la misma especie pero que cada uno cocinó en su propio estilo.


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