Desde hace mucho tiempo se han ido multiplicando los ataques contra todo aquello que nos hace humanos y contra el mundo que habitamos, feroces ataques con el propósito de nublar la Vida ante nuestros ojos, esfuerzos por deformar la visión y la idea que tenemos de ella y de nuestro paso por esta realidad. La oscura maquinaria que busca dominarlo todo y a todos se esmera en contaminar, quebrar y destruir a este mundo y a nuestra alma.
Estamos sumidos en un sistema construido por intereses malévolos y voraces, expresamente diseñado para reducir a la humanidad a su unidad más blanda, vacía y manejable. Para eso se atacan todos los flancos posibles: se depreda sin piedad al medio ambiente, se ataca desde lo alto a los humanos y también se les enfrenta entre sí, nos radicalizan en enfrentamientos furibundos entre múltiples facciones, se nos rodea de alimentos dañinos, se nos suministran fármacos de prioridades empresariales, se inventan cadenas con las que doblegarnos y mantenernos sometidos (dinero, fama, ilusiones tramposas, sexo, expectativas ficticias), se diseñan las circunstancias en que vivimos para que sean estresantes y desmoralizantes, para adormecernos… se nos quiere mansos, inofensivos, vacíos, el estado ideal es volvernos indiferentes, insensibilizarnos y reducirnos a una masa pasiva para quien todo lo decide alguien más (una autoridad, un guía, un algoritmo, una burbuja de resonancia), y todo lo hace alguien o algo más (terrenos actualmente perfeccionados por la IA). Cada aparente avance civilizatorio o tecnológico se convierte inmediatamente en una herramienta para someternos; incluso las ideologías, esas cosas impalpables pero fortísimas, se deforman hasta convertirlas en armas de odio, división y ataque visceral y superficial, para promover enfrentamientos que, en el fondo, pierden de vista los problemas mayúsculos y de fondo que nos dominan y propician estas situaciones.
Es indiscutible que la IA podría tener beneficios útiles y reales para la sociedad en tareas administrativas y científicas, y en lo cotidiano quizá podría aprovecharse como una herramienta de trabajo burdo: recopilando información, ubicando fuentes de consulta (pero, incluso en ese caso, es necesario confirmar todo lo que nos diga, porque ya ha quedado demostrado que a veces su información no es confiable, llega a ser incluso falsa); pero a los poderes en control los beneficios reales hacia la sociedad y los individuos no podrían importarles menos, para ellos la llegada de la IA es un avance inmenso en varias formas de boicot preexistentes contra lo más elemental de nuestra humanidad.
Lo más evidente e inmediato es el daño que ya comenzó a sufrir la capacidad de razonar, de pensar estructuralmente, la manera de expresar las propias ideas y los propios sentimientos. Se está minando la capacidad de desarrollar las relaciones y hasta las interacciones más básicas; en algunos casos incluso reemplazando de lleno la interacción humana.
Son muchos los riesgos probables, son muchos los daños ya documentados, que conforman la estela del auge del presente tsunami de IA, y podríamos profundizar en diversas ramificaciones. Sin embargo, en este momento quiero enfocarme en un aspecto especialmente insidioso: su contaminación de lo creativo, su boicot a uno de los elementos más esenciales de nuestra humanidad, después de haber tenido bajo ataque nuestro cuerpo, nuestro ambiente, nuestra forma de vida, ahora se ataca a los procesos creativos, se busca dinamitar un componente vital de nuestra alma; porque la labor creativa, en cualquier escala, es un hilo que nos conecta directamente a una manifestación divina en nuestro propio interior, y es uno de los motivos principales de venir a este mundo, es un recurso que nos ayuda a explorar el misterio de la Vida.
La labor creativa es parte imprescindible de la experiencia humana, para todos, desde aquellos que, tras años de cultivar la mente, la sensibilidad y su propio trabajo, producen obras transformativas para el mundo y múltiples generaciones, hasta para quienes están perfectamente felices y satisfechos creando cosas que compartir sólo con sus círculos inmediatos o, incluso, solamente para disfrute personal y privado.
Diversos teólogos y filósofos han mencionado la creatividad humana como una participación nuestra que se nos regala en la Creación Divina, y todavía más filósofos, psicólogos y médicos han demostrado los importantes beneficios personales de practicar cualquier labor artística.
El trabajo creativo es una sintonía, una conexión con algo intangible y maravilloso, un puente hacia algo que nos trasciende, una región mística desde la que podemos traer cosas a este mundo para compartir con los demás. La “creación” artificial y tramposa de la IA destruye esa conexión, derrumba los puentes, destruye el proceso creativo humano con todo lo que implica: reflexión, individualidad, empatía, disciplina, curiosidad, descubrimiento, expansión de la mente, exploración espiritual, análisis del mundo. Un proceso inigualablemente benéfico para quien lo ejerce y que deriva en algo que, en una manera u otra, beneficiará a alguien más.
Pero la IA generativa que pretende suplir a la creación humana banaliza al arte y a su proceso, pretende vender la ilusión de que puede prescindirse del proceso, quiere seducir con la trampa de la inmediatez (tan tentadora en esta época en que el sistema nocivo en que vivimos sumidos ha saboteado la capacidad humana de concentración, paciencia y dedicación), pretende hacer creer que el proceso es inútil y obsoleto, con lo que vuelven inútil y obsoleto el cultivo de la propia alma, y buscan hacer desistir a cualquier persona que recién quisiera iniciarse en los senderos del trabajo creativo, mostrándole una alternativa envenenada.
Siempre ha habido gente que quiere el resultado sin el trabajo, la satisfacción sin el esfuerzo, el fruto sin la conexión personal; en los terrenos del arte y la creatividad no ha sido diferente, innumerables personas quieren el prestigio de ser escritor pero sin la molestia de escribir libros, incontables diletantes buscan reconocimiento artístico sin tener que pasar por el pesado pero maravilloso proceso de dibujar o pintar algo sincero, infinidad de estafadores han buscado disfrazar cualquier cachivache haciéndolo pasar por arte sólo por gozar del estatus subsecuente. Esa misma fauna ahora recibe un obsequio para su deleite, el embauco definitivo que ofrece la ilusión de un reemplazo para el talento y el trabajo, pero sin la esencia personal que es imposible de fingir.
Se ha dicho, tramposamente, que la IA generativa “democratiza el arte”, cuando, en realidad, la creatividad es quizá de lo más democrático que tiene la humanidad, porque habita en la chispa de vida que contenemos todos y cada uno de nosotros; sin entrar a discusiones respecto a personas que, por algún motivo, han nacido más adelantadas, el potencial es parte de la chispa divina que nos infunde vida a todos nosotros, es parte de nuestra esencia como humanos, como el erotismo o lo atlético, y cada persona elige en su libre albedrío los caminos que quiere tomar por sobre otros, los aspectos en que se quiere pulir, los rumbos de la vida que más le interesa explorar. Si para mí ha sido una prioridad en la vida el trabajo creativo, significa que entiendo y respeto el trabajo y la disciplina individuales en cualquier otro rubro, nunca se me ocurriría oprimir un botón que encienda un dron capaz de cruzar una pista de carreras a una velocidad pasmosa para después decirme a mí mismo “caramba, ¡qué gran atleta soy! ¿Vieron como rompí el récord de velocidad en carrera corta oprimiendo este botón?” En todo caso, lo que sí es necesario democratizar en estos asuntos es la accesibilidad de recursos e iniciaciones creativas para toda persona interesada: democratizar la oportunidad de recorrer el rumbo de las artes para todo aquel que quiera elegirlo para dedicar su vida o para tener suficientes herramientas con las que implementarlo más activamente en su vida personal.
Una definición negativa de la magia desde la perspectiva religiosa es “obtener algo sin el esfuerzo de por medio”. Ya antes se habían hecho alusiones similares con el surgimiento de Wikipedia, por ejemplo, pero me parece que es más bien justo ahora, en este auge de la IA generativa, cuando realmente podemos recordar a entidades malévolas como Ose o Furcas, demonios que ofrecen a invocadores humanos conocimientos, habilidades y atributos instantáneos, sin que hayan tenido que hacer esfuerzo de tiempo ni dedicación… regalos que, naturalmente, llevan en su interior el ardid diabólico, precisamente por ser atajos que entregan satisfacción banal y superficial, sin haber pasado por el proceso que, al final, es lo más importante en cuanto al bien que hace a nuestra mente y a nuestro espíritu.
Viene a la mente la mitología tolkiana, registrada a detalle en El Silmarillion: “Pero Melkor no podía crear cosas vivas; podía solo corromper o destruir lo que otros habían hecho”; literalmente la definición de la IA generativa. No dejemos que el nombre nos engañe, no se trata de una inteligencia sino de una simulación matemática, no puede crear nada que no esté ensamblado con los retazos de las cosas que sí han creado generaciones y generaciones de artistas en todo el mundo: roba su trabajo y lo rebaja a un pastiche vacío de todo mérito y sustancia; lo que ofrece la IA generativa es pura fachada, porque se alimenta solamente del aspecto superficial de cosas valiosas para crear una ilusión sin contenido: el arte auténtico, cualquier trabajo creativo en cualquier escala, de lo que se alimenta no es solamente del arte consumido, sino de la vida vivida, es resultado de la manera en que se ha ido modelando nuestra alma hasta ese momento. El arte, todo trabajo creativo, si no conlleva una exploración, un viaje personal humano por parte del creador, sencillamente no es arte, no es auténtica creatividad, es un producto tan hueco y artificial como nos lo anuncia en el propio nombre.
Y ahora pienso: si la IA generativa es como el malévolo Melkor y no puede crear nada nuevo, y en vez de eso roba el trabajo de los artistas para convertir lo vivo y hermoso en mediocre, bien podríamos emprender un contrataque en su propio terreno, con toda la creatividad que tenemos y de que la IA ni siquiera es consciente de que carece. Respondamos el slop de IA que está devorando todo, que ha robado a innumerables artistas humanos, que pretende banalizar lo trascendente de los verdaderos procesos creativos. ¿Encuentras en internet una imagen hecha por IA evidentemente artificial y hueca? Recorta los ojos y utilízalos para armar un collage con métodos análogos. ¿Encuentras una imagen generada por IA de aspecto repulsivamente artificial? Toma los mismos elementos básicos de su composición y haz un dibujo a partir de eso. Si encuentras un video generado por IA deséchalo y escribe una historia como solamente tú desde tu humanidad podrías escribirla, inspirado en una idea que hayas generado en tu propia mente a partir de esos segundos de video. Caza estas creaciones artificiales e inhumanas, toma la afrenta que pretende hacer a la labor creativa humana, y utiliza la alquimia que es tu propia creatividad para convertirlas en algo auténticamente valioso para contraatacar.
No se trata todo esto de mero desvarío reaccionario ante el inevitable avance de la tecnología, se trata de una exclamación que busca alentar a otros creativos en activo y a despertar la chispa auténticamente creativa en todas las personas posibles, una exclamación importante en medio de la degradación masiva que poco a poco va alcanzando y carcomiendo cada vez más cosas de la realidad en que vivimos y de nuestra más esencial humanidad, esa degradación en la que ahora tan activamente colaboran estas IA generativas que son como Melkor, que “todo lo que hace tiene su origen en algo más grande o más puro que él, y a lo que se rebela en vano”.
Puede que toda esta diatriba se lea como un arranque visceral; en parte lo es, pero la visceralidad está puesta aquí para llamar toda la atención posible sobre un asunto de extrema importancia, una crisis que se está dejando fluir, incluso se acoge de buena gana por gran parte de la población, donde unos son indiferentes y otros celebran los nuevos pasos para reducir a la humanidad de su máximo potencial a su más mínima y manejable materia prima: nos ofrecen herramientas divertidas y adictivas para reducirnos a todos a la más débil y básica materia de consumo a disposición del capricho de unos pocos.
Combatamos fieramente. La labor creativa es una resistencia del espíritu y un cultivo de nuestra humanidad, es un combate contra el mar mediocre y banal que intenta ahogarnos.
Borges decía que, de todas las invenciones humanas, el libro es la única que no es extensión de su cuerpo sino de su mente; me parece que, en el momento histórico en que nos encontramos, debemos tomar plena consciencia de que el trabajo creativo es una extensión directa de nuestra Humanidad, de nuestra alma.


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