Durante la precaria época de la pandemia aparecieron las semillas de las que más tarde surgiría El Diván, grupo que debutaría en 2024 con su EP If There’s Nothing… Make It! y ahora, un año después, presentan su primer álbum formal, llamado BOBCAT, simultáneamente lleno del frenesí juvenil y también de una hechura del todo profesional. Tuve el privilegio de escuchar, en adelanto, el álbum completo, y hago aquí unos comentarios al respecto.

      El álbum abre con Barely Beginnings, una melodía melancólica pero soñadora, que se va tornando más agresiva y energética, sintonizándonos ya de entrada con el espíritu juvenil del álbum, propio de integrantes que, ciertamente, son jovensícimos pero, al mismo tiempo, muestran una madurez musical que avisa de la formación personal de cada uno de ellos; decían las abuelitas de antes que “la educación se mama desde chiquitos”, en este caso queda claro que los integrantes de El Diván han pasado su vida, desde la más tierna infancia, sumergidos en complejos terrenos musicales que los han nutrido muy sanamente.

      Lingichi toma su nombre a partir de un escalofriante suplicio asiático, uno que la letra declara preferible a vivir sumido en la más hueca conformidad; una vez más, ahí está presente con toda rotundidad el espíritu juvenil en lo ideológico, acorde al espíritu también juvenil en el ritmo de rock contemporáneo; se trata de una canción que puedo imaginar en su ambiente natural sonando a todo volumen en una reunión de amigos, levantando sus bebidas para brindar, jurando con toda solemnidad escapar de la mediocridad del mundo y a mantener viva y quemante la flama juvenil en su pecho.

      Harrison, que en título y tonada homenajea al que, casualmente, también es mi Beatle favorito, vuelve a recordarnos la formación musical de los miembros de El Diván, que aquí recuperan y actualizan con toda naturalidad elementos de la clásica música del rock psicodélico de los sesentas y setentas; no lo copian ni lo imitan, sino que lo reclaman como propio y lo preparan en su estilo particular, dando como resultado esta canción que suena a la vez venida del pasado pero atemporal.

      Troubadour es, igual que Harrison, un homenaje directo a las influencias de El Diván, esta vez con una canción que se nutre de The Smiths, esos jóvenes eternos, y lo que nos ofrece como resultado es una canción en la que, invito al escucha a que lo note, se aprecia tanto la notable competencia de cada integrante en su instrumento como, sobre todo, la manera tan armoniosa en que embonan entre ellos para ensamblar su sonido-identidad colectiva; los escuchamos y, con el hechizo que es siempre la música, sentimos la conexión entre ellos, una que nos emociona por el resto del álbum y nos emociona anticipando los que aguardan en el futuro.

      Dead On The Nile presenta otra faceta de la identidad juvenil, esta vez aquella que disfruta envolverse en tonos más oscuros, pero no por ello con menos energía, una melodía que podría ser la banda sonora de Lord Byron brindando enloquecido sin su camisa bajo la lluvia en una noche tormentosa. En esta y las siguientes dos canciones es realmente notable la habilidad de El Diván para crear ambientes envolventes gracias a un muy hábil y cuidado trabajo musical.

      Tender Crooks también me remite a la idea de banda sonora; su melodía elegantemente oscura podría encajar a la perfección como lo que escuchamos mientras vemos a los amantes vampiros de Jim Jarmusch paseando por desoladas calles nocturnas; imposible que no vengan a la mente, también, aquellas escenas nostálgicamente oscuras del vampiro Adam tocando la guitarra en su casa sumida en penumbras.

      Sacrifice nos mantiene en ese mismo rumbo oscuro, esta vez con una sensación incluso arcana, acaso emparentada a los poetas de simbolismo esotérico, y algo de cierto debe tener esto, algún atributo de conjuro ha de tener la canción, porque hacia el final los sonidos cambian, el ambiente se vuelve extraño, como si hubiéramos atravesado todos juntos un umbral hacia otro lugar lejano, en otra realidad, en otro plano.

      Best Line cambia el tono de las canciones anteriores, retoma un ritmo más animado, con un mood incluso cuasi Bob Dylanesco, en una diatriba de reflexión acerca de los momentos más emocionalmente relevantes en la vida juvenil (esa preciada época en que cada sentimiento tiene el tamaño del mundo, y nadie en toda la Tierra puede comprenderlo a fondo más que quien lo siente)… Supongo que por eso esta canción suena tanto al epílogo de una reunión entre amigos, que miran juntos el amanecer después de una noche entera de plática sincera.

      Technicolor cambia la voz masculina por una voz femenina de ensueño, que nos invita a seguirla hipnotizados a través de un paisaje extraño, en un recorrido que se siente como pasearse por un sueño ajeno, a través de algo tan íntimo que nadie tendría derecho a espiar, pero, a estas alturas, en la penúltima canción del álbum, El Diván ya nos ha incluido como uno de los suyos, y por eso ahora podemos sentirnos en la confianza de unirnos al coro que acompaña a la guitarra, en procesión tras esa voz de pequeña veladora en medio de un reino oscuro.

      A Car That Explodes fue concebida por El Diván, así lo reconocen ellos, como un homenaje a los temas clásicos de cierre de álbum, y no sólo cumple el propósito, sino que, en consecuencia, es fácil imaginarla como candidata a la canción con que el público pida cerrar sus presentaciones en vivo, la canción para cerrar la noche, en medio de un ánimo onírico propiciado por la armoniosa y talentosa propuesta del grupo.

      Los miembros de El Diván mencionan el folk rock y el rock alternativo como parte del espectro en su música; lo cierto es que, como con toda banda que valga la pena, hay muchos más tintes y al asunto es más complejo. Definen ellos mismo la música reunida en BOBCAT como “tan ágil y rápida como el animal que le da su nombre al álbum, pero en momentos tan tierno y tranquilo como su portada”, y pienso yo: ¿no es esa, precisamente, la descripción de la juventud, en el mejor de los sentidos? Qué alegría atestiguar la aparición de un proyecto joven, repleto de pasión, tomado con profesionalismo, que entrega un resultado excelente y promete todavía más para el futuro.

      BOBCAT, de El Diván, puede encontrarse ya en todas las plataformas de Streaming musical, y también en Bandcamp, donde el álbum puede comprarse como una manera de apoyar directamente a la banda.

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Una respuesta a “BOBCAT”

  1. Avatar de Alejandro Fajardo
    Alejandro Fajardo

    Una verdadera frescura escucharlos y saber que no todo está perdido en la música hoy en día.
    Felicidades por este grupo que gracias a la reseña lo tendré en mi playlist

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